Una sorpresa de cumpleaños. Microficción

Una sorpresa de cumpleaños. Microficción

Estimánados amigos, ha sido dificilísimo conectarme. Además, estoy probando un alojamiento nuevo para mi blog de Steempress, gracias a la amabilidad de la comunidad @inteligentzia, quienes están construyendo un proyecto muy interesante para latinos en Steemit. Quiero dejar mi agradecimiento sincero.
Dicho esto, espero, como siempre que mi texto les entretenga y, si les place, dejen un comentario.
Con ustedes siempre quedo agradecida.



Fuente

Con los ojos vendados, Julia escuchaba los ruidos a su alrededor. Él le había vendado los ojos apenas se levantó y eso la sorprendió porque la víspera habían tenido una pelea descomedida por causa de un amigo común que había sido su novio en la adolescencia. Pero, al parecer, él no había roto su promesa.
Le había ofrecido una gran sorpresa por su cumpleaños y parecía que trabajaba duro en ello. Se escuchaba su trajín: resoplaba, golpeaba alguna cosa dura que, sin embargo, amortiguaba los golpes ¿de qué…? (en el fondo de la mente de Julia la ansiedad creció un poquito, su espina dorsal se estiró también un poquito y ladeó la cabeza para discernir mejor por el oído…). Entonces la dulce voz de él le habló para calmarla y excitarla, como tantas veces, como siempre, incluso después de peleas tan atroces como la de la noche anterior, después de las cuales se sentía terriblemente humillada. Ahora mismo esa pelea vergonzosa comenzaba a parecer lejana para ella. Con su voz grave, suave, con su lengua de serpiente hechicera le decía “Amor”; le decía “Dulce amor, no te impacientes”, “Sólo ámame, ya casi termino”. Y remató la frase con un azote ardiente en el muslo de ella… Inmediatamente la voz de él la urgía: “Tengo para ti, dulce amor, una cosa pequeña, suave, mullida, roja; aún está cálida… ¿Qué será?” Y ella se esforzaba por adivinar, siguiendo coquetamente el juego, poniendo los dedos sobre sus mejillas y entreabriendo los labios para excitarlo…
Pero él interrumpió demasiado pronto su pantomima: le apretó un bultito inerte y húmedo contra los pechos. Y ella reconoció sin ninguna duda el pelo suave de la pequeña cosa rota.

Gracias por la compañía. Bienvenidos siempre.


¡Libertad para mi país!

 

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