El francotirador (Cuentonimio)

El francotirador (Cuentonimio)

El francotirador contempla por la mira del rifle a su objetivo.

Eso le produce una sensación de grandeza en la mente ya que en su dedo tiene la vida de su presa.

A un movimiento del mismo sobre el gatillo la bala recorrerá la decena de metros que lo separan del objetivo y certeramente impactara en la parte del cuerpo que ha escogido.

Será instantáneo y para los que se encuentran cerca, cuando la sorpresa ante lo inesperado pase, la incertidumbre ante la imposibilidad de determinar el lugar desde donde salió el disparo los abrumará.

Esta vez ha escogido como blanco su cabeza ya que quien lo contrató, le pasó la información que bajo el costoso traje el hombre lleva un chaleco antibala de última generación.

Desde que llegó de la guerra su trabajo ha sido continuar haciendo lo que en ella hacía.

Cuando lo reclutaron con apenas 16 años le tenía temor a las armas de fuego y a ver sangre, lo segundo sigue siendo un estigma que lo persigue y que le provocó más de un ataque de vomito en el campo de batalla donde la muerte era una visitante cotidiana.

Ahora, como cosa paradójica, es él quien la envía a cambio de dinero.

Suena perverso, pero es el producto de una sociedad antropófaga que sobrepasa los límites establecidos en cualquier ley de la selva y la supervivencia no está sujeta a las realidades, sino a las apetencias egoístas de quienes puedan tener algún tipo de poder, sin importar si este sea económico.

Él solo es el catalizador para que esos deseos se hagan realidad.

En la vida cotidiana, una especie de holograma de lo real, es un ciudadano más que trabaja en una oficina de publicidad y es un esposo amoroso y padre ejemplar.

Una metamorfosis que protege a sus instintos de lo que realmente le gusta:

Ser un enviado de Dios o Satanás, que tiene en la mira de su rifle la vida de las personas.

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