Tres novelas norteamericanas

Tres novelas norteamericanas

Por pura casualidad, he leído recientemente a varias novelistas norteamericanas contemporáneas que me han gustado mucho. Digo que es casualidad porque esas lecturas no han respondido a un plan o propósito determinado, tipo “voy a leer y comentar novelistas mujeres porque hay que darles visibilidad” o cualquier otra cosa por el estilo. Si las reúno en este comentario es, simplemente, por comodidad y porque me parecen poco conocidas en el ámbito de la lengua castellana, a pesar de que en Estados Unidos hayan alcanzado una gran cantidad de premios y lectores. Sin duda, son mucho más conocidos sus pares masculinos como Jonathan Franzen, Dave Eggers, David Foster Wallace y Jeffrey Eugenides, o autores de más edad como Philip Roth, Don DeLillo, Thomas Pynchon y Cormac McCarthy.

Sin más introducción, paso a comentar muy brevemente las novelas.

Jesmyn Ward

Marilynne Robinson: Vida hogareña

En el párrafo inicial de Vida hogareña, primera novela de Marilynne Robinson, publicada en 1980, se hace la lista de los personajes principales, se establece quién cuenta la historia (“Ruth”) y en qué lugar sucede: “ese lugar insólito” que, andando la novela, sabremos que se trata del pueblo de Fingerbone; y el arco temporal: desde la historia del abuelo a la de la nieta. Es un comienzo de una admirable concisión:

Me llamo Ruth. Me crié con mi hermana pequeña, Lucille, al cuidado de mi abuela, la señora Sylvia Foster y, cuando ella murió, al de sus cuñadas, las señoritas Lily y Nona Foster, y cuando ellas se marcharon, al de su hija, la señora Sylvia Fisher. A lo largo de las sucesivas generaciones de todos esos mayores vivimos siempre en la misma casa, la de mi abuela, que habían construido ella y su marido, Edmund Foster, un ferroviario, que dejó este mundo años antes de que yo llegara a él. Fue él quien nos asentó en ese lugar insólito.

Solo falta un personaje, que se mencionará unas páginas más adelante: Helen, la madre.

El abuelo y la madre son dos ausencias significativas; se podrían calificar de centros vacíos; instancias que apenas intervienen en la trama, pero alrededor de las cuales gravitan los sentimientos y las decisiones del resto de los personajes. El abuelo muere en un aparatoso accidente ferroviario y la madre, años después, se suicida, cuando la narradora es una niña pequeña. La conciencia de la narradora, Ruth, gira alrededor de estas dos tragedias, buscando un significado, un sentido que permita organizar la experiencia de la vida, que se presenta caótica, desarticulada y amenazante.

La aparición de la tía Sylvia parece representar, al principio de la vida en común, una esperanza de estabilidad que se revela dolorosamente ilusoria.

Marilynne Robinson escribe una novela sobre la vida familiar –de la que están ausentes los hombres– y los misterios que encierra, sobre la infancia y las decisiones vitales, las convenciones y las presiones de la comunidad; sobre los riesgos que se corren al seguir una senda propia al margen de lo que se espere de uno.  El estilo de Robinson en esta novela es denso, rítmico y altamente metaforizado, con la fuerza de un río caudaloso.

  • Título de la edición original: Housekeeping
  • Traducción del inglés: Vicente Campos González
  • Galaxia Gutenberg, 2014
  • Publicación original: 1980

Jennifer Egan: La torre del homenaje

La tercera novela de Jennifer Egan es una especie de brillante juego de espejos metaficcional (es decir, una narración que se acepta a sí misma como ficción, y sobre esa base establece su pacto con el lector). La historia, en primera instancia, es la de Danny, un bueno para nada newyorkino, que viaja (huye, más bien) a un indeterminado país centroeuropeo respondiendo al pedido de su primo Howie para que lo ayude en el proyecto de un hotel en un castillo en ruinas.

Danny es un urbanita extremo que no puede estar desconectado de la red por más de veinticuatro horas, que se ve de repente en medio de un entorno más cercano a las narraciones góticas de fantasmas que al siglo XXI. Pero La torre del homenaje es también la historia de Ray, un preso que escribe una novela en un taller de escritura en la cárcel, y la de Holly, su profesora novata de escritura creativa.

Con estos elementos no es extraño que el tono de la novela de Egan cambie y se adapte a las distintas tramas de las que está formada; y así, es al mismo tiempo una novela fantástica, cómica, de aventuras, de amor… Y, en definitiva, es una novela sobre el descubrimiento de la verdad íntima de cada quien; incluso más allá de lo que los personajes creen saber sobre sí mismos.

En todos estos registros, Jennifer Egan demuestra una asombrosa destreza narrativa, y logra atraparnos en su red de mentiras y verdades, en sus simulaciones y cambios de perspectivas, en sus referencias y efectismos bien dosificados.

  • Título de la edición original: The Keep
  • Traducción del inglés: Carles Andreu
  • Editorial Minúscula, 2014
  • Publicación original: 2006

Jesmyn Ward: La canción de los vivos y los muertos

El humor tiene una presencia modesta en Vida hogareña y muy marcada en La torre del homenaje, pero no aparece (al menos, yo no puedo percibirlo) en ninguna de las páginas de La canción de los vivos y los muertos. El aire que se respira en la novela de Jesmyn Ward es el del drama y la tragedia del racismo en Estados Unidos, aunque alejado de cualquier rígida solemnidad.

Articulada por la confluencia de voces que se alternan, la novela de Ward pone en escena a la pequeña familia de Jojo, un niño de trece años, formada por su abuelo y su abuela, su hermana Kayla, de tres años, y sus padres Lonie y Michael. Michael es blanco en una familia de negros. Pudiera pensarse que este matrimonio mixto a las orillas del Misisipi es el espacio privilegiado para la representación del racismo y sus tensiones, pero no es así. Apenas constituye un elemento más del complejo drama. La mirada de Jesmyn Ward se dirige tanto al presente como al pasado, al mundo de los vivos como al de los muertos. Si en el presente están los padres de Jojo y su desesperado y autodestructivo amor, así como la pareja conformada por los abuelos, nobles y decorosos en su pobreza; en el pasado están el joven River (el mismo abuelo cincuenta o sesenta años atrás) y Richie, el niño que murió en la cárcel en medio de la violencia y la injusticia, y cuya alma no sabe cómo abandonar este mundo:

“Allí no hacía ni frío ni calor. Andar era como atravesar a nado aguas grises y tibias. Me movía en círculos. No sé por qué me quedé en ese lugar, por qué cada vez que llegaba al límite de ese joven pinar, al lugar donde los pinos se hacían más altos, más redondos y oscuros, cubiertos de una maraña de hojas espinosas, me daba media vuelta y volvía atrás.”

Un hálito mágico y sobrenatural recorre esta dura, a veces brutal, y hermosa novela.  

  • Título de la edición original: Sing, Unburied, Sing
  • Traducción del inglés:  Francisco González López
  • Editorial Sexto Piso, 2018
  • Publicación original: 2017

Gracias por la visita. Vuelvan cuando quieran.

 

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