El silencioso vuelo de los peces

El silencioso vuelo de los peces

Pedro Enrique Rodríguez, nacido en 1974, es psicólogo clínico y escritor venezolano. Fue profesor de la Universidad Católica Andrés Bello. Su primer libro fue El silencioso vuelo de los peces, publicado en 2009 por la Editorial Equinoccio, de la Universidad Simón Bolívar; pocos meses después apareció Oficio de lectores: textos de detectivismo literario, conformado por ensayos, narraciones y textos de difícil clasificación, ganador por unanimidad del Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana en 2008. En 2011 apareció su poemario La fugaz caligrafía del resplandor. Desde hace un par de años vive en Colombia, donde es profesor universitario.

Como se cumplen diez años de la aparición de su primer libro, me ha parecido interesante comentarlo e invitar a su lectura.

El silencioso vuelo de los peces es un libro de cuentos de poco más de 100 páginas conformado por 16 textos de variada extensión. La mayor parte de los cuentos retrata situaciones de pareja, abordándolas desde ópticas diferentes en una especie de “muestrario” o “catálogo” de las desgracias íntimas, las variadas formas en que la gente suele amargarse la vida mutuamente. Así tenemos “Acuario”, “Modernos lectores de Sherlock Holmes”, “El olvido es una fotografía dormida”, “La voluble tempestad de los corazones tórridos”. Estos cuentos y otros retratan historias de desencuentros, de soledades en compañía, de pasiones apagadas y resentimientos renovados, de amores risibles, de humillaciones y celos, de banales trampas de seducción, de expectativas frustradas. Nunca parejas en la plenitud de sus relaciones, salvo, quizás, en “Más allá del cielo plomizo”, donde la pareja formada por un venezolano y una polaca al menos se sostiene en el delicado equilibrio de la pasión (aunque es perfectamente válido sospechar que ese equilibrio está a punto de romperse por las presiones del mundo exterior).

 “Pálido latido eléctrico” es, apenas, el vertiginoso recorrido de un impulso eléctrico que viaja por las líneas del telégrafo y cruza el territorio nacional. “Una venganza pequeñita” es el único cuento narrado desde la perspectiva de un personaje infantil o de un adulto que recuerda un suceso de la infancia. “El placer nostálgico de las máquinas de escribir” y “La soledad de los papeles” comparten un acercamiento hondo, nostálgico y poético a la escritura y al trabajo del escritor que, pienso, no disgustarían ni a Jorge Luis Borges ni a Ítalo Calvino.

Otros cuentos, como “Sobre la fascinación de las princesas” y “Tan lejos de Perrault”, abordan las relaciones paterno-filiales a partir del desgaste y el desencanto. Los padres que aparecen en ambos cuentos están consumidos por el paso del tiempo –no necesariamente por la vejez, sino por la destrucción emocional que acarrean los años– y por sus malas elecciones vitales.

Pero más allá del inventario de temas, lo importante de El silencioso vuelo de los peces es la calidad de su escritura. Se dice pronto: es un libro de una muy alta calidad literaria. Su autor es capaz de penetrar en los sentimientos más oscuros de los personajes sin perder la elegancia y la precisión en su manera de narrar. En los textos más breves, es recrea mundos complejos con una capacidad de evocación realmente admirable. Su estilo evade por igual la metáfora fácil y la parquedad estéril. Un autor poco conocido, incluso en su patria, que merece más atención de la crítica y los lectores del mundo hispanohablante.

No sé si los libros de Pedro Enrique Rodríguez se encuentren todavía en las librerías de Venezuela (las pocas que sobreviven); es posible que sí. Si usted tiene la suerte de tropezar con El silencioso vuelo de los peces o cualquier otro del autor, no lo dude: cómprelo.  

Gracias por la visita.Vuelvan cuando quieran.

 

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