Joseph Conrad y el éxito revolucionario

Joseph Conrad y el éxito revolucionario

El novelista inglés Joseph Conrad sabía algo de revoluciones. Nacido en la Polonia sometida al poder ruso bajo el nombre de Jósef Teodor Konrad Korseniowsky, vivió de niño en Siberia, donde su padre fue condenado a trabajos forzados por su actividad política contra la Rusia zarista, y donde su madre murió de tuberculosis.

En su juventud, durante su etapa como marino, al parecer contrabandeó armas en las guerras civiles que asolaron España durante el siglo XIX. Algunos viajes al Caribe lo pusieron en contacto con la agitación política de estas tierras, lo que se reflejará principalmente en su novela Nostromo, de 1904, en la que narra una guerra civil y el nacimiento de una nación con elementos de la historia y la geografía de Venezuela, Colombia y Panamá.
Bajo la mirada de Occidente, publicada en 1911, es una de sus obras de madurez, por más que no haya tenido la misma difusión que otras de sus grandes novelas como El corazón de las tinieblas (1899), Lord Jim (1900) y Victoria (1915). Pero es, indudablemente, una de las grandes. En ella se narra la trágica historia del estudiante Kirilo Sidorovich Razumov, quien fortuitamente se ve involucrado en una operación de los servicios secretos rusos, lo que lo pondrá en contacto con los grupos revolucionarios que operan en Suiza.

Como sucede siempre en Conrad, los dilemas morales y éticos a los que se ve sometido el protagonista están en el centro de la trama. Es una novela dostoyeskiana, no solo por su tema ruso, sino por el espíritu trágico y exaltado que la anima, lo que no deja de ser una paradoja, pues al novelista inglés no le gustaba Fiodor Dostoievski.

Los escrupulosos y los justos, los nobles, humanos y entregados, los desprendidos y los inteligentes pueden iniciar un movimiento, pero no continuarlo. Ellos no son los líderes de una revolución. Son sus víctimas: víctimas del disgusto y el desencanto; a veces del rencor. Esperanzas traicionadas de un modo grotesco e ideales caricaturizados: ésa es la definición de un éxito revolucionario.
(Bajo la mirada de Occidente. Pag. 140. Debolsillo. 2011, traducción de Catalina Martínez Muñoz)

La aversión de Conrad al absolutismo zarista era tan vehemente como a la actividad de los revolucionarios, iluminados y dogmáticos; ambos le resultaban igual de corruptos.

El autor inglés no niega que en una revolución pueda haber gente justa, noble y entregada; pero ellos, afirma, serán las primeras víctimas. Su novela, publicada seis años antes de la revolución rusa, adelantó el destino de muchos intelectuales que, en los primeros años de la revolución, abrazaron la causa, solo para desencantarse, primero, al ver cómo los aires de libertad se convertían en la niebla gris de la burocratización y la represión; y luego sufrían el silencio obligatorio, el internamiento en los campos de concentración, los fusilamientos o el suicidio. Las biografías de los escritores Vladimir Maiakovski, Boris Pasternak, Isaak Babel, Aleksandr Solzhenitsyn, Anna Ajmátova, Mijail Bulgakov, Marina Tsvetayeva, y tantos otros menos conocidos, son una antología de los horrores que un Estado revolucionario puede ejercitar contra su pueblo y contra aquellos que alguna vez lo apoyaron.

Desgraciadamente las revoluciones no desaparecieron con la disolución de la Unión Soviética. El mito revolucionario es persistente. La revolución cubana le dio un nuevo aliento (caribeño, sensual, alegre, humano…) a comienzos de los años 60 del pasado siglo, y, ¡quién lo diría!, todavía perdura.
La más reciente encarnación del “éxito revolucionario” lo vivimos en Venezuela: la que se anunciaba como revolución bonita, pacífica y armada, ha resultado en desesperanza atroz, miseria, corrupción desmedida, desmantelamiento del estado de derecho, represión y emigración masiva para escapar de un país y una revolución que son una trampa. Por un lado, una población depauperada y sometida; del otro, para seguir con las palabras de Conrad, “fanáticos estrechos de miras, hipócritas y tiranos.”

Gracias por la visita. Vuelvan cuando quieran.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *