Concurso de cuentos #fotocuento: Miradas que hablan

Concurso de cuentos #fotocuento: Miradas que hablan

Miradas que hablan
Wendy se había dormido para siempre, en octubre, después de haber sido mi compañera fiel por 15 años. La pena me entristecía cada vez que la recordaba. La extrañaba mucho. Los días pasaban tranquilos. Ya no tenía quién retozara a mis pies, mientras trabajaba en la computadora.
Así pasaron tres meses. Yo sentía su ausencia, algo me faltaba.
Aquella mañana de enero, día de Reyes Magos, llegó mi esposo con una cachorrita que le habían regalado para mí. Era tan pequeñita, pero risueña y juguetona. Inmediatamente recordé cuando Wendy llegó a mis manos.
Tomé a la perrita, acaricié sus orejas y percibí el dulce olor en su carita y lo suave de su pelaje cortito, color café. A ella le encantó nuestro primer encuentro, me miró con sus ojitos tiernos y lamió varias veces mi mano.
¡Quedé prendada de esta criatura!
La llamé Maga porque llegó en día de Reyes y su segundo nombre Camomila porque a mi hija le encanta este té.
Una semana después, llegó otro cachorro que le habían prometido a mi esposo, al saber que yo adoraba a los perros y me había quedado sin mascota. No pudimos negarnos. Era tan pequeño y blanquito como un algodón.
A él lo llamé Bruno y sería la pareja de Maga.
Bruno Coffe, porque me encanta el café. Era un perrito tímido, amoroso y tranquilo.
Maga y Bruno hicieron una buena dupla. Ya crecidos, los dos protagonizaron varios desastres: rompieron calcetines, libros, cojines, hasta se metieron en mi jardín y me destrozaron las matas. Al ver mi molestia, los dos corrían a esconderse con el rabo entre las piernas, pero cuando me acercaba con el periódico, sus miradas tiernas me paralizaban.
Al año siguiente, esta parejita tuvo su primera camada. Yo estaba feliz porque ayudé a Maga a parir. De siete perritos, el último fue un negrito que me asustó cuando se asomó porque pensé que eran las tripas de Maga. Le quité la envoltura para que sacara su cabecita y ella continuó la limpieza con sus lamidos.
Pasado un mes, regalé seis perritos, el negrito aún se arrastraba por toda la casa. Yo lo ofrecía, pero nadie lo quería. Así que decidí quedarme con él. Quiero mucho a Maga y a Bruno, pero les confieso que Blacky es mi bebé consentido.
Todos estos años los he cuidado con esmero, a Maga la esterilicé porque imagínense cuántos perritos más tuviera en casa. Así pues, tengo mi familia perruna.
Ya han pasado tres años, los tiempos que estamos viviendo son muy difíciles; los perritos son otras víctimas. Alimentarlos es toda una proeza. ¿Al veterinario? gracias a Dios no ha habido emergencias. Tampoco los llevo a la peluquería.
En estos días he estado muy triste y preocupada.
Ellos lo han percibido. Mientras les acaricio su barriguita, me miran enternecidos y medio cierran sus ojitos, disfrutando de mis manos y suspiran extasiados como diciéndome: no nos hace falta más nada. ¡Dios proveerá!

 

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