Un sueño comentado | Cuento (1)

Un sueño comentado | Cuento (1)

Estimados amigos y amigas, el siguiente relato forma parte de un libro de cuentos publicado por la Editorial Norma en 2004. Es bastante largo y extraño. Espero que tengan la paciencia de leerlo y, por supuesto, que lo disfruten.
Saludos.

Fuente
1
Ricardo me llama a la oficina y quedamos en vernos en una playa llamada Los Bordones.
(Ricardo es un amigo de la infancia. Dejamos de vernos cuando comenzó el éxodo del campo petrolero en el que ambos nacimos. Se mudó con su familia a Guanta, y allá los visitamos algunas veces hasta que dejamos de ir porque nosotros mismos nos mudamos a Cumaná y entonces estábamos varias horas más lejos. Recuerdo que tenían una casa en un cerro de tierra roja, que alrededor había infinitos árboles, que la madre de mi amigo me dio un dulce de consistencia gomosa y sabor ahumado del cual no me gustó ni el nombre. Desde el porche de la casa se veía el mar y las instalaciones del puerto, abajo, y los barcos pesados de mercancías, los hombres pequeños como insectos afanándose en las zonas de carga y descarga. Guanta es, o era, sobre cualquier otra cosa, un puerto, y lo demás –casas, calles, edificios, familias–, un pobre decorado.
Pasó el tiempo y perdimos todo contacto. Cinco o seis años más tarde volvimos a encontrarnos en Cumaná, en el mismo liceo.
Reanudamos una amistad sostenida en el afecto que se tenían nuestras familias, así que resultó de lo más natural que pasáramos mucho tiempo juntos. Con él –y otros buenos camaradas– conocí las primeras borracheras en fiestas donde nos intoxicábamos con un horroroso vino de cambur que no costaba casi nada. Sobre su hombro lloré la primera decepción amorosa; aunque tal vez haya sido él quien llorara sobre mi hombro. Juntos nos escapábamos a los ríos y a las playas más alejadas. Y recordábamos historias del viejo pueblo que se fue quedando solo cuando se acabó el petróleo.
Al culminar el bachillerato Ricardo se marchó a Maracaibo a estudiar ingeniería petrolera, lo que, en cierta manera, era una señal del destino)
Cuando llego son las seis de la tarde. Entro en el agua fría; Ricardo ya se encuentra allí, cerca de la orilla. Me sumerjo varias veces, hundo la cabeza en el agua, braceo un poco, y pierdo el sentido del espacio.
Busco la costa y no la encuentro. La sensación es la de tener los ojos cerrados y no poder abrirlos, aunque en el sueño lo que sucede es que al buscar la orilla sólo veo el mar y el cielo. Es como si me hubiese quedado ciego. ¿Qué se hizo la costa? ¿Dónde se fue la tierra firme?
(Pienso ahora que en ese momento estaba a punto de despertarme, pero ganó el sueño. Es una experiencia bastante común: la percepción onírica y la percepción de la vigilia parecen disputarse la hegemonía de la atención; las percepciones se solapan, como capas transparentes del yo en registros diferentes. Tal situación de inestabilidad no puede durar y finalmente uno termina despertándose o entregándose al sueño)
Hablamos de telenovelas. No entiendo por qué Ricardo se empeña en hablarme de un tema que no me interesa nada. Luego creo entender que le han ofrecido trabajo en una planta de televisión y está preparando el terreno para dar la noticia. Por mi parte, comienzo a preocuparme por la hora. Sospecho que mi esposa no me creerá que estuve en la playa con Ricardo, sobre todo porque éste tenía que marcharse el día anterior a Maracaibo, donde ejerce su profesión en una compañía inglesa. Mi amigo me cuenta de una telenovela que, según él, es muy interesante. Le digo que no la he visto, un poco fastidiado. La trama va de la situación política del país tomando como pretexto la explotación de unas minas de asfalto. Conversamos y nadamos, afirmamos los pies en la arena con el agua al pecho, nos zambullimos otra vez. Ricardo va hacia la orilla y se tiende al sol. Yo lo sigo. Ricardo continúa dando detalles de la historia que ahora no recuerdo, sólo que las minas están cerca de Puerto La Cruz y son una explotación a cielo abierto. Pienso que debe ser una mina miserable comparada con la de Guanoco.


Gracias por la visita. Vuelvan cuando quieran.

 

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