Un sueño comentado | Cuento (2)

Un sueño comentado | Cuento (2)

Fuente
2
(En verdad Guanoco no es una mina, sino un lago de asfalto, el más grande del mundo, según se dice, ubicado en una selva casi inaccesible. Aun así fue convenientemente explotado durante finales del siglo XIX y principios del XX. A esa explotación le debemos, en gran parte, la introducción de hindúes y negros de Trinidad en Paria. Dio origen a una guerra civil en la que participaron algunas de las naciones imperialistas de la época. Tal vez decir que “dio origen” sea exagerado, pero la New York and Bermúdez Company, concesionaria que extraía y comercializaba el asfalto, participó activamente en ella financiando a las tropas revolucionarias, así como el Ferrocarril alemán y el Telégrafo francés. Después de varias batallas, Juan Vicente Gómez, que en ese entonces era vicepresidente de la república y comandante militar y todavía no El Benemérito, acabó con ella –con la revolución, no con la compañía– en Ciudad Bolívar, en 1902 o 1903. Es una historia llena de caudillos extravagantes y acciones militares risibles. Sin embargo, costó sus muertos y su cuota de miseria. De hecho, según los historiadores, que saben de esas cosas más que yo, puso en los campos de batalla la mayor cantidad de tropas desde la guerra de independencia. Durante un tiempo fantaseé con la idea de escribir una novela histórica sobre el tema. Desistí, como de muchas otras cosas, porque las reconstrucciones de época no se me dan muy bien)
En ese momento comienza a llegar gente a la playa. Giro la cabeza y veo un grupo grande que se acerca a nosotros con niños, sillas de extensión, sombrillas y cavas para hielo. La playa se parece poco a Los Bordones. Es grande, y de arena blanca y limpia, pero tiene una especie de terraplén, como si estuviéramos en una hondonada. La gente nos rodea y fastidia con su presencia. Caminamos hasta un muelle.
(Un muelle de madera pintado de blanco, de un estilo que sólo he visto en algunas viejas películas policiales)
Desde allí vemos algo que nos sorprende: una bandada de aves marinas pasa cargando un puente –estilo colgante– cubierto de telarañas o sal. En una de sus columnas flamea una bandera inglesa. Comentamos lo extraño del hecho, pero al poco rato sucede otra vez: aves marinas llevando un puente, esta vez más grande, con una bandera inglesa. El asunto ya parece demasiado extraño y mucha gente se asoma para ver el fenómeno. Hay comentarios de asombro. Poco después una bandada de palomas trae volando un barco –en ninguno de los casos estoy seguro de cómo arrastran primero los puentes y luego la embarcación; tal vez con redes o cuerdas sostenidas por las patas o los picos–. Nos acercamos al muelle, admirados y un poco asustados. Las palomas depositan el barco en el agua y se van.
(Esto de las palomas es molesto. Demasiado realismo mágico de pacotilla. Todas esas aves con sus delicados piquitos arrastrando inmensos armatostes. Francamente)
Alguien comenta que el barco parece de cien años, otro que de doscientos. La embarcación está cubierta de sal solidificada. La luz le arranca destellos multicolores. Es una especie de gabarra: una cabina en un extremo, luego una larga cubierta y en el otro extremo otra cabina mucho más pequeña. A un costado hay un sello y unas palabras repujadas en hierro. El sello no recuerdo qué representa; las palabras son MARKUS GRANT. Y una cifra en número romanos que mi memoria no ha guardado. Declaro, de manera injustificada, con esa seguridad que sólo proporcionan los sueños, que el barco tiene ciento cincuenta años de antigüedad. Hay mucha gente en el muelle haciendo conjeturas.
Me acerco a un hombre con aspecto de funcionario que ha encontrado unos papeles en la cabina pequeña. Me entrega una bolsa plástica, de unos veinticinco centímetros de largo, transparente, rígida, con unas pocas gotas de agua adentro y afuera. Saco papeles y fotografías. Las fotografías son de mujeres y niños. Me parece reconocer a mi prima Josefa cuando tenía tres años. Me asusto de esa conexión increíble y el corazón me golpea con fuerza. Pero me fijo mejor y no es ella. Me calmo.
(Por más que lo pienso no logro encontrarle sentido a ese sobresalto. ¿Por qué debería alarmarme la fotografía de mi prima a los tres años? Es como si percibiera en las imágenes en sepia una amenaza, algo que viene del pasado, una presencia fantasmal… que se me escapa)
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Gracias por la visita. Vuelvan cuando quieran.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *