Un sueño comentado | Cuento (7)

Un sueño comentado | Cuento (7)

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7
De repente, Mario está consciente de las miradas fijas en él, de las señas que le hace el director para que se acerque, de sus ojos escrutadores, de las palabras que dirige a la joven conductora –Mario ve que los labios se mueven, pero no escucha las palabras–. Esta también lo mira con ojos evaluadores, ambos –el director y la conductora metamorfoseada en su propia abuela– dan unos últimos toques a su ropa, le quitan el sombrero de la cabeza y se lo ponen en la mano, le entregan un cuchillo y entonces las palabras llegan otra vez a sus oídos: “…cuando yo te lo indique te acercas al hacendado y le entregas el cuchillo con disimulo, como el traidor que eres. Ahora colócate allá, a dos pasos de tu amo y espera mi señal.” Luego gritó “Listos” y la muchacha y el hacendado se enfrentaron en un duelo de miradas, mientras que él agachaba la cabeza y miraba con disimulo a Finí esperando sus indicaciones, aunque este parecía haberse olvidado de su presencia, ocupado en mover la manivela de la pequeña máquina sobre el trípode y en pegar un ojo a un costado.
El joven en el corcel se acercó en un trote más bien lento y desganado y descendió junto a los otros dos que habían intensificado el ardor de sus miradas. El mango del cuchillo resbalaba en la mano mojada de sudor de Mario. Los dos hombres discutían, airados. El caballero levantó el fuete para golpear la cara indigna del malvado, en ese momento Mario captó la señal del director, repetida por Rigoberto que, supo después, hacía de asistente.
Mario se adelantó los dos pasos requeridos y puso en las manos de su amo el arma. El fuete vengador aún estaba en el aire, como si la mano del caballero no se decidiera dónde golpear, cuando su contrincante, con un movimiento extrañamente lento, clavó la hoja en su pecho.
Mario tuvo un sobresalto, escuchó el grito de “Corten” y los aplausos, y durante un segundo creyó vivir una verdadera tragedia seguida de un inmediato desmentido.
Lo que quedaba de ese día lo pasó repitiendo escenas y conociendo al resto de los actores y actrices, que eran, también, equipo técnico. Por lo demás, todos eran un grupo de amigos y amigas y la hacienda propiedad de los padres de uno de ellos, aunque Mario no llegó a saber de quién, o lo supo y lo olvidó.
A la hora en que la luz se hizo insuficiente para continuar la filmación, ya había muerto a manos del joven caballero, salvado milagrosamente de la herida del cuchillo por las manos su amada, la joven conductora a quien por fin pudo dar un nombre –Berenice.
En la noche celebraron una comida. Presidía la mesa Finí, a su derecha estaba Berenice y a la izquierda Rigoberto. Mario estaba entre dos jóvenes ruidosos que hablaban todo el tiempo de política, o mejor dicho, de los lazos políticos de sus respectivos padres con el gobierno del General Gómez.


Gracias por la visita. Vuelvan cuando quieran.

 

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