Era una niña. Poema / Concurso de poesía lírica (Ed. 17 / @felixgarciap)

Era una niña. Poema / Concurso de poesía lírica (Ed. 17 / @felixgarciap)

Estimados amigos, tenía un tiempo sin hacer posts para concursos, pues estoy en un período especial de tareas que sobrepasan mi tiempo. Sin embargo, no me olvido del bonito concurso de poesía lírica que organiza @felixgarciap.
Para esta, su edición décimo séptima, la palabra inspiradora fue naturaleza. Toda una sorpresa para mí fue el poema que ocurrió frente a esta palabra.
Si quieren, pueden comentarme.
Como siempre, quedo agradecida.



Cascada de Tulimán, de Rosalba Tarazona


Era una niña


Era una niña
y el jardín se poblaba de ecos.
Eran las voces minúsculas de las criaturas de la tierra,
patas y antenas,
vuelo de alas cristalinas,
pétalos que, de golpe, partían bajo el sol.

Era una niña y las espigas del romero,
junto a la pérgola, llamaban desde lejos
con su aroma musical…
y los grillos contestaban
pertinaces.

“Huele a lluvia”, decía mi abuela
destejiendo su crineja de plata
y las raíces mudas
tramaban cuentos para la noche,
para el miedo.

Era una niña
cuando el mar me llamó
con su canción de trueno
y me devolvió a la orilla
sosegada de los caracoles.
El sol brilló en su lomo indomable
para siempre amado (y terrible).
“No pasa nada”, decía mi abuela
y besaba mi frente,
me apretaba en su pecho
(detrás, rugía el viento encabritado de sal).

Era una niña
y el cielo incendiado
parió una oscuridad de caverna.
“Se acaba el mundo”, gritó mi abuela,
y el espanto le cerró el brillo de los ojos.
Por un instante, eterno como un pozo,
las frágiles cosas del mundo
me mostraron el rostro.
Era una niña…

Y sin embargo, el trino de maraca de las potoquitas
estuvo siempre allí para borrar los miedos.
Las guirnaldas de flores que tejía mi abuela,
y sus manos de llovizna para calmar mis penas.
La sombra de los mangos y la mariposa viajera;
el río cantador que atravesaba el monte,
el chillido de los monos en la espesura adentro,
estuvieron siempre allí resonando alegría.

Y en la tierra y el agua,
en el sol y en todo cuanto brilla,
la evocación del aliento de la vida
y la escritura de un trazo final,
un círculo de huesos.
Mis propias raíces devueltas al polvo.



Gracias por la compañía. Bienvenidos siempre.



 

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