Un sueño comentado | Cuento (12)

Un sueño comentado | Cuento (12)


Fuente


12
Además, se sabe, el General es un gran aficionado al cinematógrafo. Nuestro joven cineasta lo ha podido comprobar de primera mano. Luego de su inicial experiencia y de otras tan fallidas como esa, entró en relación con un empresario norteamericano, Friedmann, hombre oscuro, taimado, escurridizo para los historiadores, pero de vastos intereses comerciales en la Venezuela de principios del siglo XX, no tanto por la magnitud de sus negocios, sino por la variedad de los mismos. Una de sus grandes transacciones había sido, sin duda, dotar de unidades de transporte al incipiente ejército gomecista, camino de convertirse en tropa profesional, alejado de las montoneras de a pie y de a caballo de los caudillos tradicionales. La inexistencia de carreteras fue apenas un detalle que encontró pronta solución al utilizar a los prisioneros –primero a los comunes y luego a los cada vez mayores contingentes políticos– como mano de obra esclava. La minería fue otro de los intereses de Friedmann, y la exportación de aves exóticas y de pieles de caimanes.
El cinematógrafo era la más reciente de sus aventuras comerciales. Junto a él, formando parte de su equipo, Pasanni participó en la filmación de los Carnavales Caraqueños, una Parada Militar, y luego viajó por gran parte de la geografía rural de Venezuela registrando para la inmortalidad la llamada “Gira del Progreso”, ambicioso programa de obras públicas destinado a introducirnos como fuera en el siglo XX para mayor gloria del gobierno. Poco importaba que los acueductos no llevaran agua, que las carreteras se perdieran en la maleza luego de unos centenares de metros; se inauguran potreros, mataderos, escuelas y dispensarios; todo inconcluso, provisional o precario, y en todas partes estaban Friedmann y Pasanni dejando constancia en el acetato de las bondades del General que ahora sonríe campechanamente a la cámara.
Como todos quieren congraciarse con el gobierno, ponen en sus manos una pequeña fortuna. Pasanni encarga a un poeta necesitado un argumento donde aparezcan los elementos ya conocidos: un barco, una heroína, una mala mujer, un joven valiente, unos insurrectos extranjerizantes; el general también debe figurar en la trama: lejano, sabio, paternal como un héroe griego.
Días después visita una apestosa casa de vecindad. El olor dulce y denso de verduras hervidas y ropa sin lavar se eleva por todas partes. En el patio central: perros y niños. Si no en el más pobre, oscuro y apestoso habitáculo de aquella inmensa casa, sí en el que debería serlo, el poeta emborrona cuartillas, enfebrecido; no ha dormido durante tres noches y le entrega unas hojas manchadas de tinta y grasa.
El joven Pasanni las recibe con displicencia: en realidad, no piensa dirigir ese argumento, si tal se puede llamar la confusión de historias y personajes que ha puesto en sus manos el plumífero alucinado. Sus propias ideas son… grandiosas, sublimes, impactantes. Sólo tiene que escribirlas, aclarar unos detalles. De los comerciantes que han puesto el dinero no se preocupa. Ya todos saben que las películas cambian mientras se hacen. Cuando se estrene y sea un éxito estarán contentos.


Gracias por la visita. Vuelvan cuando quieran.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *